Cuanto más siento, más miedo tengo

La palabra «miedo» aparece en mi libro Amor consciente en más de 150 ocasiones. Y es que si hablamos de relaciones, debemos hablar del miedo, pues lo encontramos muy muy a menudo en el origen del malestar que experimentamos en ellas.


Hay situaciones que despiertan nuestros miedos e inseguridades, que funcionan como un interruptor de una cascada de reacciones emocionales que parecen incontrolables. Esto es más probable que suceda cuanto más nos involucramos en una relación, cuanto más sentimos por la persona a quien estamos conociendo o por nuestra ya pareja, cuanto más nos mostramos y cuanto más nos permitimos conectar con la vulnerabilidad.


¿Por qué? Porque una conexión cada vez más estrecha, más cercana, más íntima requiere de un mayor grado de vulnerabilidad, de mostrarnos y de permitir que nuestra pareja (o la persona a quien estamos conociendo) nos «vea».


Y puede que nuestra experiencia con la vulnerabilidad, con mostrarnos y con los vínculos tan cercanos no haya sido del todo sana, constructiva y beneficiosa para nuestro bienestar, incluso cuando se actuaba queriendo lo mejor para nosotrxs, a lo largo de nuestra vida; motivo por el que se hace más probable que experimentemos miedo en las relaciones y que, cuanto más sintamos, más miedo tengamos.


Empecemos por el principio:


Nuestros primeros vínculos afectivos (que suelen ser los que establecemos con nuestros pa/madres) deben ser un lugar seguro. Pero no siempre es así. O no del todo. Incluso cuando lo hicieron lo mejor que supieron. Incluso cuando actuaron pensando en nuestro bienestar.


Cuando nuestros primeros vínculos afectivos no nos proporcionaron seguridad, es posible que hayamos desarrollado un estilo de apego inseguro (ansioso, evitativo o desorganizado).


Que un vínculo no sea seguro significa que dentro de esa relación no podemos mostrarnos tal y como somos, que debemos dejar de lado nuestras necesidades, que estas se hacen de menos o se invalidan, que nuestros límites no se respetan...


Y, si nuestros primeros vínculos no nos han proporcionado seguridad, aprendemos que amor e inseguridad (y miedo, la emoción que suele acompañarla), van de la mano.


El miedo puede estar presente en nuestras relaciones, es una realidad. Y suele estarlo más a menudo de lo que pensamos, pues puede disfrazarse de otras emociones y no hacerse evidente sin un trabajo de autoconocimiento previo.


Miedo:


- a que nos abandonen

- a que nos rechacen

- a no ser suficiente

- a no estar a la altura

- a no poder mantener nuestra individualidad

- a no poder permanecer en la relación

- a que nos hagan daño

- a que la relación nos atrape

- a perdernos en ella

- a que reabra viejas heridas

- a mostrarnos vulnerables

...


Si experimentamos atracción y cierta conexión por la persona a la que estamos conociendo, nuestra inseguridad y nuestro miedo se mantendrán dentro de un límite gestionable (dependiendo de lo marcada que sea nuestra tendencia de apego inseguro, debo añadir).


Pero, si empezamos a sentir, a albergar sentimientos y a involucrarnos en la relación; si nos mostramos como somos y nos permitimos conectar de una forma más íntima, si elevamos nuestro compromiso, nos sentiremos más vulnerables.


Y, teniendo en cuenta lo que hemos aprendido sobre los vínculos estrechos, es posible que aparezca el miedo. Y, si esto sucede, cuanto más sintamos, más miedo tendremos a sufrir. Es esperable y natural.


Sin embargo, este miedo puede generarnos mucho malestar y puede, dicho sea de paso, traducirse en un boicot para las relaciones.


Por eso es interesante conocer cómo nos vinculamos y cuál es nuestra relación con el miedo: ¿qué papel cobra en nuestras relaciones?, ¿en qué medida el miedo toma el control y decide por nosotrxs?



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