• Montse

Depresión, ¿por qué a mí?

Actualizado: 7 de sep de 2018

“Soy débil” suele ser una de las respuestas más comunes que se dan las personas que sufren depresión. La depresión suele estar envuelta de falsas creencias. Así de cruel puede ser el desconocimiento alrededor de la depresión.


En vez de sacar conclusiones precipitadas de este tipo, podríamos considerar otras posibles causas. De hecho, es muy probable que la situación actual no sea resultado de uno, sino de muchos factores. Los más prevalentes:


1. Bioquímica: Cuando sufrimos una depresión se produce un desequilibrio químico en nuestro cerebro. La serotonina, la noradrenalina y la dopamina* son las principales sustancias relacionadas con la depresión. Cuando los niveles de estos neurotransmisores se ven afectados, sentimos síntomas de naturaleza emocional.


*Estas sustancias neurotransmisoras se encargan de transmitir la información de unas estructuras cerebrales a otras.


2. Genética: En la primera visita con mis pacientes, una de las preguntas que les hago es acerca del historial familiar de síntomas depresivos (si éste es el motivo de su consulta). Como ocurre con otras patologías, existe mayor riesgo de manifestar depresión cuando hay un historial familiar de la misma. Sin embargo, es importante tener en cuenta que lo que se hereda no es la depresión, sino la predisposición biológica a tenerla.


3. Acontecimientos estresantes: Sí, el sentido común ya nos lo indica: después de una pérdida (fallecimiento de un ser querido, un divorcio, la pérdida de trabajo, cambio en el estatus económico…) o bien cambios como los producidos por la aparición de una enfermedad crónica pueden favorecer la aparición de una depresión.

Solamente si la situación persiste en el tiempo hablaremos de depresión; de lo contrario se trataría de lo que conocemos como “Trastorno adaptativo”. Pero, sobre todo, la depresión se dará si se presentan otros factores que nos hagan más vulnerables a la depresión.


4. Estilo de pensamiento: Un patrón de pensamiento negativo aprendido en la infancia/adolescencia, que se extiende hasta la edad adulta nos puede pasar factura: vemos al mundo, a las personas y a nosotros mismos de una forma negativa.


5. Autoestima: Si tenemos una autoestima baja es probable que nos dejemos llevar por ella, boicoteando nuestra vida: mermando nuestra capacidad de disfrute y reduciendo las situaciones que pueden resultar gratificantes. Una gran parte de las personas con síntomas depresivos han presentado una baja autoestima con anterioridad (lee más sobre la baja autoestima aquí).


6. Falta de control: Si creemos que tenemos poco o ningún control sobre nuestra vida y sobre lo que nos pasa, nos sentiremos indefensos e impotentes, haciéndonos más vulnerables a desarrollar depresión: "haga lo que haga, mi vida es un desastre".


7. Atribución de los errores: Considerar que somos los únicos responsables de todo lo malo que nos pasa y que esto es debido a la falta de habilidades/competencias por nuestra parte, casi con total seguridad boicoteará nuestros esfuerzos (“para qué esforzarme, si lo hago todo mal”) aumentando la probabilidad de equivocarnos, confirmando nuestras creencias.


8. Factor estacional: Las estaciones del año inciden en nuestros niveles de neurotransmisores como resultado de la reducción significativa de horas de luz. Este componente por sí mismos es poco probable que cause una depresión; pero sí que puede aumentar la probabilidad de desarrollarla si ya contamos con la predisposición que nos brindan los factores anteriores.



Si bien es cierto que hay una serie de factores sobre los cuales no tenemos poder de cambiar (como es el caso de la predisposición genética), céntrate en lo que sí puedes cambiar: tus pensamientos, actitudes y conductas. Si crees que no puedes hacerlo solo, busca ayuda profesional. Y si tienes dudas sobre si lo puedes necesitar o no, escríbeme acerca de ello.


Si sientes que alguna de las situaciones descritas encaja con cómo te sientes, contáctame (montsecazcarra@gmail.com, 672040836).


Si te encuentras en peligro o en una situación de emergencia, llama al 112 o al Teléfono de la Esperanza (902 500 002) para ayuda inmediata en un momento de crisis.



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