• Montse

La manipulación invisible


Manipular significa ejercer control sobre otra persona. En cierta medida, todas las personas tenemos un sensor para reconocer cuándo nos están manipulando. Sin embargo, este sensor suele activarse únicamente cuando la manipulación resulta evidente, que es solamente en un porcentaje de las manipulaciones.


¿Qué pasa con el resto?


Entramos en el terreno de la manipulación emocional invisible, aquella que pasa inadvertida y, por lo tanto, la más peligrosa. Y la palabra "inadvertida" aplica de forma literal, porque en una primera etapa, la persona manipuladora se muestra encantadora, llena de cualidades. Proyecta una imagen de alguien capaz, con éxito, fuerte, atento y servicial. Incluso independiente. Crea una imagen de la que ninguna persona dudaría. Se gana nuestra confianza de tal forma que no dudamos de su criterio.


De forma gradual, la persona manipuladora se va colando en nuestra vida, volviéndonos cada vez más indispensable. En muchas ocasiones, y aunque parezca contradictorio, esto lo consigue a través de un papel de víctima: una infancia difícil, problemas en el trabajo, problemas familiares, problemas económicos... Todo es válido para llegar al "corazón" de la (verdadera) víctima.


Y no solamente eso, sino que la pondremos en el centro de nuestras prioridades; nos dejaremos de lado por ella, porque: "¡¿Cómo no voy a ayudarle?!, si está pasando por un mal momento", "pobre, no puedo permitir que esté solo, con lo que ha sufrido", "si es que con todo lo que ha vivido...", pensaremos.


Nuestra empatía, nuestros valores, impedirán que nos prioricemos. De hecho, ni se nos pasa por la cabeza, porque de hacerlo, probablemente nos sentiríamos egoístas, crueles, poco empáticos. ¿Quién va a ser tan insensible como para dejar de lado a alguien que ha sufrido tanto, y que lo está pasando tan mal? Desde luego, nosotros no.


Al principio nos sentiremos bien por ayudarle. Nos lo agradecerá y nos colgará el cartel de "salvadores". Pero una vez este rol se afiance, todo cambiará. De pronto, hagamos lo que hagamos no será suficiente. Pero eso nosotros no lo sabemos, así que seguiremos dándole más y más. Nuestra vida se irá haciendo más pequeña, reduciéndose a ayudar a la persona a la que tenemos al lado.


Y así, a través del disfraz de víctima y aprovechándose de nuestra empatía, la persona manipuladora se irá volviendo más y más importante en nuestras vidas sin que nos demos cuenta.


Es probable que en esta etapa se desarrolle una relación de co-dependencia: el manipulador nos necesita para sentirse bien; de la misma forma que nosotros necesitamos sentir que le salvamos, que seguimos siendo importantes para él porque, recordemos, la persona manipuladora se ha vuelto el centro de nuestra vida.


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