Mereces que te quieran, aunque tú no lo creas

Una autoestima en baja forma puede llevarnos a tomar decisiones (quizás más inconscientes que conscientes) que la deterioren todavía más. Estoy pensando en quedarnos en una relación que no nos hace bien, aceptando situaciones injustas para nuestra persona, olvidando nuestros estándares y dejando de lado nuestras necesidades en el terreno emocional.


Pero que nos quieran - o no - no depende de cuánto nos queramos.


Lo que sí depende de nuestra autoestima es qué tan «queribles» (capaces de ser queridas/os) nos consideramos.


Por favor, al leer las siguientes líneas recuerda que no se trata de juzgar, sino de entender; de entender para cambiar aquello que nos hemos estado diciendo, que puede no ser aquello que necesitamos decirnos para crecer y sanar.


Puede que en el pasado no nos hayamos sentido queridas/os por figuras emocionalmente significativas para nosotras/os. Incluso si esas personas nos quisieron, quizás no lo demostraron de la forma que necesitábamos. O quizás su amor fue condicional. O quizás su afecto estaba lleno de ambivalencia. O quizás su cuidado no estaba disponible cuando lo necesitábamos.


Como resultado, quizás aprendimos que ese amor no estaba disponible para nosotras de forma consistente, y creímos (de forma inconsciente) que no fue por otro motivo sino porque no lo merecíamos.


O puede que en la edad adulta nos hayamos topado con personas emocionalmente no disponibles que nos ofrecen relaciones unilaterales o, en todo caso, no recíprocas. O con personas cuyos sentimientos hacia nosotras/os aparecen y se desvanecen de forma intermitente. O con personas que nos han hecho sentir utilizadas. O con personas quienes siempre tienen alguna crítica que hacer y al lado de las cuales nos hemos ido sintiendo más y más pequeñitas/os.


De tanta intermitencia, de tanta inconsistencia, de tantas interacciones negativas que parecen girar en torno a nuestra persona, puede que nuestra mente «aprendiera» (incorporara de forma inconsciente) que ese era el amor que merecíamos.


Y, como suele suceder con las creencias limitantes, no contemplamos la posibilidad de que la realidad fuera bien distinta: que, quizás, nos quedásemos con los aprendizajes «erróneos» fruto de una lectura sesgada, centrada únicamente en nuestra persona, olvidando que en todos los escenarios anteriores había más de un/a protagonista.


Por eso, quizás ha llegado del momento de cambiar la narrativa y decirnos que, aunque a veces nos sintamos poco merecedoras/es de que nos quieran, merecemos ser queridas/os.




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