No intentes convencer a nadie de tu valía

Es posible que, como consecuencia de nuestra interacción con personas relevantes para nosotrxs, hayamos integrado la idea de que no somos suficiente. Como resultado, es posible que entremos en las relaciones tratando de convencer al otro de nuestra valía.


Cómo entramos en una relación importa. Y si entramos tratando de convencer de nuestra valía a la persona a quien estamos conociendo, nos centraremos en sus necesidades, demostrando que somos «la» persona. Porque, si nos escoge, se reafirma nuestra valía.


La cuestión es que puede que no consigamos convencer al otro. Es un hecho y es relativamente probable que suceda.


¿Por qué?


Porque quizás, por mucho que tratemos ser «la» persona, por mucho que nos esforcemos por demostrarle nuestra valía, hay muchisisisisimas más variables implicadas.


Y es que, que no nos escoja, no habla de nuestra valía.


Aunque, cuando hacemos frente a un rechazo, estamos convenvidxs de que es así. Porque así lo sentimos. Porque, si no nos elige, lo tomamos como una confirmación de nuestra falta de valía, afianzando nuestras creencias sobre nuestra persona y haciendo más probable que, la próxima vez que conozcamos a alguien, volvamos a exhibir el mismo patrón.


Y, por el camino, nos olvidamos de nuestras necesidades, de tanto centrarnos en lo que necesita la persona a quien queremos convencer de nuestra valía.


Y esto ocurre como parte de un sesgo interno especialmente si acumulamos experiencias que alimentan esta creencia, que inevitablemente acabamos integrando como propia.


Por eso, recuerda: no, no debes convencer a nadie de tu valía.


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