Si conectas a menudo con el rencor, quizás deberías revisar tus límites

El rencor es un sentimiento profundo que tiene origen en situaciones en las que hemos experimentado ira, una ira que se ha ido acumulando y que llega a un punto de alimentarse a sí mismo.


El rencor surge cuando nos encontramos en situaciones injustas, de agravio, de engaño, de abuso de confianza.


El rencor es muy incómodo y, como resultado de tal incomodidad, nos centramos en satisfacer el deseo de dejar de sentirlo. Sin embargo, si experimentamos rencor a menudo, si conectamos con el sentimiento de injusticia frecuentemente o si nos encontramos con abusos de confianza constantes, el rencor nos está mandando un mensaje que no debemos desechar: debemos revisar nuestros límites.


Nos piden un favor y decimos que sí, para complacer al otro, sin pensar si verdaderamente queremos y podemos hacerlo. Y sucede una y otra vez.


Nos prestamos a ayudar en una situación y se da por hecho que siempre vamos a estar ahí, disponibles.


Manifestamos nuestra incomodidad, marcamos un límite y no se respeta.


Sentimos que nuestra experiencia emocional poco importa a la otra persona (puede que en realidad no sea así, pero no podemos evitar experimentar justamente esto porque es lo que sus acciones nos transmiten), quien no duda en poner sus necesidades e intereses por delante, de forma sistemática, y sin tener en cuenta lo anterior.


Y todo lo anterior no solamente resulta un obstáculo para el vínculo (¿podemos conectar genuinamente con alguien por quien albergamos rencor?), sino también para nuestro bienestar emocional.


Observar el rencor y las situaciones en las que aparece nos proporciona información valiosa. Observarlo, que no ignorarlo, ni tratar de hacer como si no existiera, nos puede acompañar en el camino de responder a la situación, desde la consciencia, apostando por una aproximación más constructiva: marcar nuevos límites, revisar los existentes.




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