• Montse

Sentir vacío después de conseguir un objetivo

Solemos tener metas vitales que queremos cumplir. Vivimos bajo el modo "cumplir con nuestros objetivos". Sabemos hacia dónde vamos; sabemos hacia dónde nos dirigimos. 


Una vez alcanzamos los objetivos, experimentamos sentimientos encontrados. Por un lado, estamos satisfechos de haber alcanzado nuestras metas, de que nuestros esfuerzos hayan merecido la pena. Pero, por otro lado, nos preguntamos: ¿Y ahora qué?


Tras conseguir una meta podemos sentirnos (parcialmente) vacíos. En parte por las expectativas: creíamos que nos sentiríamos de una manera y no nos sentimos como esperábamos. En parte, porque creemos que nos quedamos sin objetivos por alcanzar.


Lo cierto es que nuestros objetivos pueden fijarse a más corto plazo para evitar todo lo anterior; y, sobre todo, debemos tener en cuenta que los objetivos pueden ir cambiando a lo largo de nuestra vida. Las circunstancias cambian; nosotros, también. Por lo tanto, nuestros objetivos y metas deben cambiar en consecuencia.


Si visualizamos nuestra vida como un viaje y no como un destino, seremos más capaces de pensar en nuestro futuro en términos de objetivos más cortoplacistas que contribuyan a fomentar nuestra sensación de logro a lo largo de nuestra vida. Y, "a lo largo de nuestra vida" significa "a menudo", gracias a objetivos igualmente ambiciosos pero acotados en un menor periodo de tiempo y que se dan de forma sistemática.




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