Bloquear y hacer unfollow está bien

Vanesa lleva un par de meses en consulta. Llegó poco después de dejar a su pareja. «Iba bien, Montse, pero Jorge vuelve a estar activo en redes. No puedo evitar echar un vistazo a lo que publica y, cuando bajo la guardia, me sorprendo revisando si ha visto mis stories. Estos días he notado un bajón... he retrocedido, me lo noto».


Vanesa no se había planteado dejar de seguir a su expareja porque habían quedado como amigos y lo tenía bastante «controlado»: entraba cada X días en su perfil, pero como no veía cambios, no le afectaba emocionalmente.


Pero ahora que su expareja volvía a estar activo en redes, con cada publicación y con cada ocasión que miraba sus stories, le aparecían en su mente un montón de preguntas que no la ayudaban en su proceso de duelo.


«He pensado en dejar de seguirle, pero ¿no sería evitar el dolor?». Mi respuesta fue muy clara: «escúchate y decide en base a las emociones que se despiertan en tu cuerpo; quizás ahora no estés preparada para saber de él, no a este nivel; eso no es evitar, eso es escoger no ponértelo más difícil».


«¿Y no se lo va a tomar a mal?», me preguntaba preocupada.


Lo cierto es que no podemos controlar cómo se lo tome Jorge, pero lo que sí podemos hacer es actuar de forma asertiva y afectivamente responsable, y mandarle un mensajito breve en el que le expliquemos nuestros motivos, de tal forma que entienda que el unfollow no es un castigo, sino el resultado de actuar acorde con lo que necesita.


Algo parecido le sucedía a Luís. Después de año y medio reaparece Cris, con quien había tenido una relación de idas y venidas.


«Pensaba que ya habíamos superado esa etapa; para mí, Cris formaba parte del pasado, pero desde que me vuelve a escribir me acuerdo de lo que tuvimos y me desestabiliza».


«¿Y qué crees que puedes hacer al respecto, Luís?», le pregunté.


«Poner límites, ¿no?».


Efectivamente. Luís se fue a casa convencido. Quince días después, en la siguiente sesión, me enseñó el mensaje que le había mandado:


«Cris, honestamente, me alegra saber de ti, me alegra saber que estás bien. Pero preferiría que no tuviéramos contacto: no estoy preparado para ello».


«¿Queda claro, no, Montse?».


«Te has mostrado vulnerable y has sido muy honesto. ¡Bravo! ¿Qué te hace dudar?, si tú recibieras un mensaje así, ¿a qué conclusión llegarías?», le respondí.


«No sé... yo creo que está claro, pero Cris sigue escribiéndome y parece molesta si no le respondo. Me dice que estoy soso, que si ya no me acuerdo de lo que tuvimos. Le he repetido varias veces lo mismo; incluso la llamé para que la comunicación fluyese mejor. No quiero incomodarla, no quiero hacerle daño, pero esta situación realmente me está afectando. Vuelvo a tener ansiedad».


Es entonces cuando planteamos la posibilidad de escalar los límites: Luís decidió bloquear a Cris. Pero antes le mandó un mensaje en el que explicaba su decisión:


«Cris, de verdad que me gustaría que la situación fuese distinta; te tengo mucho cariño por el tiempo que estuvimos juntos y me gustaría que pudiéramos ser amigos y estar en contacto, pero no me veo capaz. Me costó mucho superar lo nuestro. Sé que no podemos estar juntos. Sabes bien cuántas veces lo intentamos, y siempre con el mismo resultado. No quiero volver a caer en lo mismo. He intentado decírtelo de la mejor forma que sé, pero creo que no te resulta fácil proporcionarme lo que necesito: distancia. Por eso he decidido cortar la comunicación. Me duele bloquearte pero estoy convencido de que es lo que necesito, mi bienestar me lo pide. Espero que puedas entenderlo. Te deseo lo mejor. Cuídate, un abrazo».




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