Céntrate en elegir, no en que te elijan

Carlota lleva conociendo a Ángel un tiempo. Han quedado en varias ocasiones y parece que la relación es cada vez más estrecha. En las citas, todo fluye de maravilla. Sin embargo, Carlota no puede evitar experimentar cierto desconcierto por la actitud casi esquiva de Ángel entre cita y cita.


Exploramos distintas razones: es posible que a Ángel, eso de escribirse o llamarse, no le vaya. No obstante, Carlota se siente intranquila al pensar que quizás se trate de otra cuestión: que Ángel esté quedando con otras chicas a la vez.


Técnicamente, Carlota y Ángel no son nada, y no han hablado de exclusividad en ningún momento; por lo que Ángel está en todo el derecho de seguir quedando con otras chicas. Pero, como Carlota va sintiendo por Ángel cada vez un poco más, creemos que ha llegado el momento de abordar el tema.


A Carlota le incomoda pensar en preguntarle directamente qué tienen, qué tipo de relación es la suya. Así que dedicamos unos minutos a formular el mensaje hasta encontrar la manera con la que ella se sienta cómoda. Al finalizar la sesión se siente con el valor suficiente como para decírselo, y siente que el mensaje que hemos preparado corresponde con aquello que siente y que quiere expresar.


En la siguiente cita, Carlota no encuentra el momento para ponerlo sobre la mesa. En realidad, nos suele costar hablar de ello porque sabemos que es posible que la relación, sea del tipo que sea, se acabe en ese momento, si se evidencia que ambos integrantes no estamos en el mismo punto.


A la vez, tras la cita, le invade el miedo a encontrarse en un tipo de relación que no quiere, así que se lo comenta a Ángel por mensaje. La respuesta que obtiene es ambigua, con lo que más que aclarar la situación, añade mayor confusión. Acuerdan quedar para hablarlo, a petición de Ángel.


Han pasado ya unos días y Ángel no le ha propuesto nueva cita. Carlota experimenta todavía mayor desconcierto que, inevitablemente va unido a la sensación «no tendría que haberle dicho nada», junto con un gran número de inseguridades del tipo «no le habré gustado demasiado», «¿lo habré estropeado?»...


Le pido a Carlota que tome la iniciativa, si siente que así podrá zanjar el tema.


Pero que, en todo caso, en vez de caer en el automachaque centrándose en qué ha podido hacer «mal», o qué ha podido ir mal «por su culpa», se centre en el mensaje implícito que le transmite Ángel, en si le convence, en si le demuestra suficiente interés como para seguir conociéndose, en si el nivel de reciprocidad le resulta suficiente como para seguir adelante con la relación (sea del tipo que sea) que tienen.


En otras palabras, le pido a Carlota que no se centre tanto en «ser la escogida», sino en escoger, en ser ELLA quien escoja.




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