• Montse

Escuchar para para escuchar, no para responder

Algunas veces escuchamos para responder, no para escuchar. Mientras escuchamos al otro vamos haciéndonos una idea de lo que queremos expresar en cuanto sea nuestro turno de palabra. 


Queremos responder, y creemos que debemos hacerlo rápido. Vacilar, dudar de nuestra respuesta, puede dar una imagen de inseguridad, de falta de confianza, de debilidad -o eso creemos-. Una imagen con la que no nos sentimos cómodos, en absoluto; y con la que no queremos que se nos asocie.


De hecho, queremos proyectar justamente todo lo contrario: seguridad, confianza en nosotros mismos, fortaleza. No hay nada malo en ello; al contrario. Siempre y cuando lo que proyectemos sea real y, por lo tanto, no nos suponga hacer un esfuerzo extra o fingir que somos alguien que no somos.


No hay nada de malo en dudar, en no saber qué responder, en tener que pedir un tiempo para reflexionar; eso no nos hace más inseguros, ni más débiles; sino que nos hace más conscientes de nuestras incertidumbres, de lo que se nos dice, de lo que queremos expresar y del acto comunicativo en general.


Que queramos responder ipso facto y que queramos desmarcarnos de las dudas, que no queramos mostrarnos débiles; no es más que una estrategia para protegernos ante posibles agresiones (verbales, emocionales).


Creemos que si nos mostramos débiles estamos más expuestos a ellas. Y puede que en algunas ocasiones, con determinadas personas, sea así. Pero no tiene por qué serlo en todos los caso; ni mucho menos. 


Si tenemos que protegernos ya lo haremos; si tenemos que defendernos, ya lo haremos. Confiemos en nuestras herramientas, en nuestras capacidades y escuchemos para escuchar, no para responder.




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