• Montse

Hiperconectados

Internet implica muchas cosas pero, sobre todo, un flujo de información constante.

En la actualidad es difícil encontrar a alguien que no esté conectado con una u otra red social; ya sea WhatsApp, Twitter, Facebook,... O que no utilice Internet para obtener información del mundo exterior o comunicarse a través de e-mail.

Las redes sociales e Internet en general nos mantienen conectados con el mundo, permiten que estemos en contacto con personas que, de otro modo, no conoceríamos, y acortan las distancias  tanto con nuestros seres queridos como con aquello que sucede a km de nosotros. A priori diríamos que todo es positivo; sin embargo, es probable que la hiperconectividad esté causando más estragos en nuestra vida de lo que somos conscientes.

El ritmo de las redes sociales, Internet y hasta el flujo de e-mails es frenético, y no hace falta mucho tiempo para darnos cuenta de lo fácil que es perderse algo. Como resultado, estamos activos comprobándolos de manera constante para reconfortar el miedo inconsciente de "perdernos algo".

Pero... ¿En qué momento las redes sociales e Internet frenan nuestra comunicación cara a cara? ¿Cuándo debemos considerarnos adictos? ¿Qué dejamos de hacer para estar conectados permanentemente? ¿De qué manera afectan a nuestra vida privada? ¿Y a nuestro trabajo?

Os invito a que os hagáis estas preguntas vosotros mismos. Tomaos unos minutos para reflexionar sobre algo por lo que normalmente nos dejamos llevar, sin pensar en las consecuencias que tiene en nosotros mismos.

En una de las próximas entradas hablaré sobre qué podemos hacer al respecto.

¡Un saludo!




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