• Montse

La pastilla que todo lo cura

Lo queremos todo, y rápido, y sin esfuerzo. Incluso la terapia, los cambios más internos.

Yo, y muchos de mis colegas de profesión, lo asemejamos a tomarnos una pastilla. Queremos ir a la farmacia, abrir el potecito y tomarnos una pastilla. Ese es el esfuerzo que estamos dispuestos a hacer para mejor.


Me encuentro con personas con esta idea preconcebida muy a menudo. Es parte de mi trabajo rebajar las expectativas, hacerlas más realistas. Ni recetamos pastillas (eso lo hacen los psiquiatras) ni tenemos soluciones milagrosas.


En el primer año de carrera me topé con los resultados de una investigación científica en la que se evaluaba el peso de los diferentes factores implicados en los resultados de una terapia. Por supuesto, la aproximación (metodología) del terapeuta era importante; también la relación terapeuta-paciente.


Algo que me sorprendió en aquel momento fue la importancia que tiene la actitud de la persona receptora de la terapia en el resultado. Un porcentaje elevadísimo. ¡Ingenua de mí!, una chiquilla de 18 años que solamente había visto pacientes en vídeos de clase... Ahora entiendo el porqué.


Por supuesto, una buena actitud no garantiza el éxito, porque no podemos dejar de lado el peso de los otros factores. Pero sí que es un buenísimo inicio. Además de esencial. Porque sin estar dispuestos a hacer cambios, a invertir tiempo y esfuerzo, no vamos a ningún lado.




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