• Montse

Las inseguridades no son reales, son inseguridades

Actualizado: 16 de ago de 2020

Cuando experimentamos inseguridades intentamos mantenernos en el terreno de lo lógico:  «si experimento X inseguridad, debo tener motivos para hacerlo», pensamos. En otras palabras, que las inseguridades reflejan parte de la realidad, de cómo somos.


Pero lo que realmente sucede es que las inseguridades reflejan nuestras inseguridades; no la realidad, no hechos. Aunque, seguramente estaréis de acuerdo conmigo que, cuando nos sentimos inseguros y buscamos motivos que justifiquen esas inseguridades, los encontramos. Y esto sucede porque estamos en modo «encontrar inseguridades», dando poco margen a cualquier otra posibilidad.


Pero no son motivos reales; no objetivos. Sino criterios subjetivos que se relacionan directamente con nuestra autoestima. Y ¿adivináis qué sucede cuando nuestra autoestima no está en plena forma?


Pues eso: que nos evaluamos de manera negativa - quizás más negativa de lo que debiéramos -. De cierta forma podríamos decir que nuestra autoestima en baja forma nos «condena» a percibirnos de una forma poco positiva que, convenientemente, va en el mismo sentido que nuestras inseguridades. ¿Casualidad? En absoluto.


Grosso modo podríamos decir que una autoestima en baja forma se encuentra en el origen de nuestras inseguridades. A su vez, las inseguridades debilitan nuestra autoestima, propiciando un círculo vicioso en el que no nos acabamos de gustar, buscamos defectos que justifiquen cómo nos sentimos en relación a nosotros mismos, los acabamos encontrando precisamente porque no nos vemos de manera objetiva sino a través de las gafas de la baja autoestima y, a su vez, esto va en detrimento de nuestro amor propio; cerrando el círculo vicioso, o iniciándolo de nuevo, depende de cómo se mire.


Todo lo anterior puede trabajarse cuestionando nuestras inseguridades y el origen de la misma, a la vez que aprendiendo a dejar de lado aquellas cosas que nos decimos ("no valgo", "todo lo hao mal", "no voy a gustarle a nadie", "soy un fracasado") que pueden no ser ciertas, sino que son fruto de los mensajes que hemos recibido o de las conclusiones erróneas a las que hemos llegado fruto de un hecho aislado; pero que, sin embargo, ejercen un gran impacto en nuestra autoestima.


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