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  • Montse

No llames amor a aquello que no lo es

¡Cuántas veces habremos llamado amor a aquello que en realidad podría recibir otro nombre!


Si bien es cierto que las etiquetas en general me generan sentimientos encontrados, creo que nos proporcionan cierto nivel de comprensión.


Por esta misma razón creo que es importante utilizar la etiqueta adecuada y reservar la etiqueta de «amor» para aquello que verdaderamente lo es.


¿Y por qué es importante utilizar la «etiqueta» adecuada? Muy simple: para dejar de romantizar el malestar en las relaciones y «ver» realmente el tipo de vínculos que construimos, más allá de lo que nos han dicho que es y cómo «debe» sentirse el amor.


Veamos algunos de los escenarios que típicamente han recibido la etiqueta de «amor».


Que las emociones te inunden en cuanto experimentas inseguridad en el vínculo, no es amor, es tu sistema de apego activándose; ya sea porque ha habido una ruptura momentánea en el vínculo, porque tu relación no es segura, porque tu estilo de apego es inseguro o porque se da todo lo anterior.


Que las mariposas en el estómago se alternen con episodios de gran malestar, puede ser consecuencia directa de la inconsistencia e impredictibilidad de tu pareja o de la persona a la que está conociendo.


Que se te acelere el corazón y des un salto de alegría cuando te escribe después de días de silencio no es más que el chute de sustancias químicas que se liberan en tu cerebro como resultado del refuerzo intermitente.


Que pienses constantemente en la relación y en qué hacer o qué decir para mantener el vínculo de manera casi obsesiva y acompañándose de malestar, puede ser resultado de percibir fragilidad en el vínculo y de querer evitar aquello que temes que suceda: que se rompa la relación o que se produzca un abandono.


Que pensar en perder a tu pareja te resulte, literalmente, insoportable, y que te esfuerces duramente en tratar de evitar a toda costa que esto suceda, incluso llegándote a dejar de lado, no es una buena unidad de medida de cuánto quieres a tu pareja, sino más bien de tu miedo al abandono.








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