• Montse

Quiero que la situación cambie, pero no estoy dispuesta a cambiar nada

Actualizado: 6 de may de 2020

Lenka acude a consulta porque quiere que "la cosa cambie".


La escucho.


Quiere que las dinámicas en su casa cambien. No quiere seguir cargando con las tareas domésticas y el cuidado de sus tres hijos sola.


En mi cabeza me imagino a Lenka tirando del carro, llevando la batuta en casa y de las atenciones que sus hijos y su marido puedan necesitas; pero también me imagino a Ibrahim haciendo cosas, aunque no suficientes o sin poner el esfuerzo suficiente a los ojos de Lenka. Le pido que me ponga ejemplos. Es posible que su visión esté sesgada por todo el agotamiento que arrastra, así que necesito ejemplos en los que agarrarme. Mi hipótesis se confirma.


En la breve conversación que tuve con Lenka antes de agendar sesión, le adelanté que era vital que su marido asistiera a terapia. Lenka me dijo que lo intentaría pero que no creía que fuera a conseguirlo.


Mi primera aproximación fue ofrecerle mi ayuda para hablar con Ibrahim y explicarle la necesidad de que se personasen los dos en consulta. Ahora su respuesta fue tajante: "mi marido no cree en los psicólogos" (¡qué conveniente!, pensé).


Abro paréntesis: cuando me dicen que no creen en los psicólogos no hace falta que me digan nada más. Siempre resulta muy conveniente para la parte que no está dispuesta a cambiar abogar que los psicólogos somos charlatanes y que la terapia no sirve de nada. En otras palabras, están intentando desacreditar la profesión y, de paso, nos están diciendo: no estoy dispuesto a hacer cambios. Cierro el paréntesis.


Hice hincapié en la imposibilidad de cambiar a alguien a quien no tengo delante y quien claramente no quiere hacer nada para mejorar la relación (de lo contrario, habría dado una oportunidad a la terapia).

Ella insistió en que quería estrategias y técnicas para poder cambiar su situación, porque ya no la aguantaba más.

"Okay. Vamos a intentar ofrecerle herramientas que la ayuden a sentirse menos agotada en relación a el peso de la casa." Así que nos pusimos manos a la obra.


Primero quise saber más sobre su relación. Supe que la actitud de Ibrahim no era algo nuevo, sino que, siempre había sido así de "pasota", que nunca había demostrado interés ni responsabilidad.


Indagué al respecto. Resulta que Ibrahim debía ocuparse de la colada, pero parece que era incapaz de responsabilizarse, que siempre las acababa haciendo ella porque "su marido y sus hijos tenían que tener los uniformes limpios". Lenka hacía la colada, pero le pedía a su marido que, "al menos, destendiera la ropa." Ibrahim a regañadientes le decía que vale, que lo haría. Pero parece que a él "ya le estaba bien tener el tendedero en medio del comedor durante una semana", en palabras de Lenka. "¿Tú crees que es normal?", me preguntaba indignada.


Normal no sé. Irresponsable sí, mucho.


Seguí indagando, esta vez sobre la reacción de Lenka. ¿Adivináis? Lenka no solamente acababa haciendo la colada, sino que, además, siempre acababa recogiendo la ropa. Mi respuesta fue clara: "Por supuesto que Ibrahim no recoge la ropa, porque sabe que, si espera lo suficiente, ya lo harás tú."


Y la ropa tendida es solamente un ejemplo de los muchos que Lenka expuso.


Le propuse que no recogiera la ropa. Que, si habían acordado que Ibrahim se encargaba de la ropa, debía ser responsable de principio a fin.


"¿Quieres decir que tengo que aguantar tener la ropa en el comedor durante días y días?", me preguntó sorprendida, esperando de mí otro tipo de estrategia que todavía, a día de hoy, no sé cuál es.


"Sí, así es."


Me dijo que de ninguna manera podía hacer eso. Que había ropa suya y de las niñas, ¡y el uniforme de su marido, que tenía que tenerlo limpio!. Le comenté que si no estaba dispuesta a ello, al menos no le hiciera la colada a su marido.


Me respondió ofendida que cómo iba a hacer eso. Le expliqué de nuevo la lógica detrás de mi sugerencia: Si tú acabas haciéndolo, lo que consigues no es que tu marido aprenda que debe hacerlo, sino que aprende a que si espera suficiente tiempo, lo harás tú.


A Lenka no le gustaban mis sugerencias. Le suponían un traspiés a la organización de su casa. La confronté con la posibilidad de seguir con la situación como hasta ahora. Ninguna de las opciones parecía gustarle.


¿Podéis imaginar cómo acabó la sesión?


Lenka fue muy honesta y me dijo que esperaba otro tipo de soluciones. Repito que todavía no sé cuáles.


Mi mensaje de cierre fue el siguiente: si las estrategias que has aplicado hasta ahora no han dado resultado y tu marido parece no estar dispuesto a hacer cambios en su actitud, te quedan pocas opciones:


1. Continúas como hasta ahora, asumiendo el coste en cuanto al agotamiento y el ejemplo que dais a vuestros hijos.

2. Le das una oportunidad a estrategias menos cómodas como las que te propongo

3. Pones fin a la relación.


No volví a saber más de Lenka.





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