• Montse

Repensando el término fracaso, cuando se trata de una ruptura amorosa

Hace unos días leía un post de una gurú de las relaciones en el que formulaba una pregunta y equiparaba una ruptura con un fracaso. Me sorprendió. Y mucho.  Describir nuestra situación como "fracaso" no nos ayuda a crecer, al contrario: nos hace un flaco favor, ya que nos lleva a pensar que no somos capaces, en este caso, de escoger "bien" a una pareja, o de saber mantener una relación o de saber cuándo ponerle fin. Si nos enfrentamos a una ruptura pensando que hemos fracasado, ¿con qué actitud superamos la situación?, ¿con qué actitud haremos frente a futuribles nuevas relaciones? Será más probable que nos de miedo porque "no sabemos escoger bien", o porque "no sabemos mantener a una pareja"... Pensar de este modo nos llena de inseguridades. Inseguridades innecesarias si, en vez de vivirlo como un fracaso, lo interpretamos de otra forma. Si interpretamos la ruptura como un cambio en los planes, como a un nuevo desafío al que debemos hacer frente y a través del cual podemos crecer, quizás nos sentiremos más capaces de superarlo, de conocer a gente nueva, de volver a intentarlo y de pensar que tenemos cosas a aportar como pareja. De hecho, si no lo vivimos como un fracaso, podemos incluso sentirnos capaces de hacer frente a la soledad. Una soledad con la que estemos a gusto. De hecho, si lo pensamos bien, una ruptura puede mejorar nuestra situación. No tiene ningún sentido continuar en pareja cuando las cosas no van bien y, a pesar de haberlo intentado (si se quiere) no se ha podido mejorar la relación.  Si me permitís una reducción al absurdo, es como si nos doliese la cabeza y no quisiéramos tomarnos una pastilla, porque tomarnos una pastilla significa fracasar. ¿Tiene sentido alargar el sufrimiento? ¿Tiene sentido llamar "fracaso" a poner fin a algo que no nos hace bien?


Quizás romper sea la decisión más acertada para ambos miembros, poniendo en el centro el bienestar de todos los implicados. Porque es el bienestar lo que debe importarnos, por encima de cualquier relación. Porque lo importante no es estar en pareja. Lo importante es estar bien.



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