Ser complaciente y el miedo al abandono

Sí, como lo lees: en un intento de mantener a esas personas a nuestro lado, nos aseguramos de ser suficientemente complacientes como para que sigan considerando tenernos en su vida.


Nota: lo anterior responde a un patrón aprendido de forma inconsciente.


Cuando hablo de ser excesivamente complaciente no me refiero a ser una persona amable, respetuosa y cuidadosa. Lo anterior es necesario para tener relaciones sanas.


Ser excesivamente complaciente tiene que ver con prestar atención y tratar de satisfacer las necesidades de los demás de forma sistemática por encima de las nuestras; desequilibrando la balanza en tal medida que nuestras necesidades emocionales quedan invisibilizadas.


Y esto sucede especialmente si en el pasado hemos sentido que el amor era condicionado, si solamente se nos quería (se nos mostraba afecto y atención) si nos comportábamos de determinada manera.


Si el afecto es condicionado, aprendemos que no basta con ser nosotrxs mismxs para que nos quieran (y no nos abandonen), sino que nos lo tenemos que currar. Y mucho. Y es por eso que no queremos correr el riesgo de dejar de ser (excesivamente) complacientes pues, de lo contrario, creemos que nos acercamos a nuestro mayor miedo.


Y, de tanto centrarnos en satisfacer en los demás en un intento de que no nos abandonen, acabamos dejándonos de lado, olvidándonos de nuestras propias necesidades y abandonándonos a nosotrxs mismxs.




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