¿Y tú, qué llevas en tu mochila emocional?

Miles de experiencias, centenares de recuerdos, decenas y decenas de aprendizajes. Todas las personas llevamos una mochila. Nadie se escapa. En las sesiones y también en los posts, hago referencia a la «mochila emocional» muy a menudo. Algunas mochilas son pequeñas, otras enormes. Algunas mochilas son ligeras, aunque las que veo más a menudo en terapia son las que pesan una barbaridad. Y ahí está el quid de la cuestión: podemos llevar una mochila emocional, pero cuando esta pesa demasiado se nos hace difícil seguir con nuestro día a día sin que esa carga tenga un efecto en nuestro estado de ánimo y en nuestro bienestar. Cada experiencia que vivimos deja una huella, de una u otra forma; eso es irremediable y no es necesariamente nocivo, al contrario, siempre y cuando el aprendizaje resultante de la misma nos sirva para encarar al futuro de forma más sana y resiliente, para crecer. Sin embargo, no siempre sucede lo anterior. Nadie nos ha preparado para gestionar situaciones difíciles; de hecho, en general me atrevería a decir que la educación en gestión emocional que recibimos es pobre y mayoritariamente se centra en evitar el experimentar situaciones negativas y en evitar el malestar. Por eso, yo te propongo que empieces a vaciar, poco a poco, tu mochila emocional. ¿Cómo? A través del autoconocimiento y del trabajo interno. Para ello: 1️⃣ Explora qué situaciones llevas en tu mochila emocional 2️⃣ Identifica qué emociones llevan consigo asociadas: tristeza, enfado, frustración, impotencia, decepción, culpa... 3️⃣ Haz algo con ellas en el presente: adopta una actitud de aceptación y de compasión, junto con cierto componente de crítica, sobre todo cuando se trate de emociones asociadas con lo que consideramos que han sido errores y fracasos propios. 4️⃣ Soltar no es tarea fácil, pero la gratitud puede ayudarnos. Sí, suena raro: nos cuesta asociar aquello que nos ha hecho sufrir con el agradecimiento; pero lo cierto es que puede que hayamos aprendido grandes «lecciones» de aquellas experiencias o situaciones que hasta ahora nos hemos limitado a evitar o a intentar, con todas nuestras fuerzas, que caigan en el olvido. En ocasiones, la mochila pesa tanto o es tan grande que no somos capaces de vaciarla nosotrxs mismxs. En esos casos se trata de un trabajo que corresponde a un proceso terapéutico, más que a un DIY, ya que es muy posible que necesitemos herramientas y estrategias emocionales para lidiar con las emociones que nos surjan al «hurgar» en nuestra mochila emocional.




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